Desde 1998 el busto de Francisco de Goya (1746-1828) se alza en el punto en el que confluyen la calle Alcalá con la misma que recibe su nombre, convirtiéndose en la enésima muestra del afecto que le guarda la ciudad de Madrid al pintor aragonés.

El monumento es una escultura de bronce firmada por Víctor Ochoa situada sobre una base en la que aparece el nombre de Goya y un pedestal en el que se muestran el año de nacimiento y el de su muerte. La obra refleja al de Fuendetodos en edad avanzada con el semblante serio, casi enfadado, perseverando la leyenda del genio habitual que gastó el artista a lo largo de su vida.

La estatua, cuya altura ronda los tres metros de altura, preside uno de los enclaves más agitados y característicos del Distrito de Salamanca, presenciando desde un lugar privilegiado la vida y acontecimientos de la urbe madrileña.