Marqués de Salamanca

Malagueño de origen, Don José de Salamanca y Mayol (Málaga 1811, Madrid 1883) ha dado nombre actual al distrito madrileño que históricamente se denominó “Buenavista”. A lo largo de su vida obtuvo dos títulos de nobleza: el Marquesado de su apellido y el Condado de Los Llanos, en alusión a la enorme finca que puso en cultivo en la provincia de Albacete. Salamanca representa lo que la sociología alemana denominó burgués emprendedor, y el mundo anglosajón selfmade man. Prototipo de la modernidad en su tiempo, intentó ser un hombre universal: político –fue ministro de Hacienda y diputado en varias ocasiones-; empresario polifacético; primer gran coleccionista de arte con la segunda pinacoteca en importancia después de la del Museo del Prado y con la principal colección de libros de caballería mencionados en el Quijote; mecenas; financiero a escala nacional e internacional… En definitiva, un personaje de excepción. 

marquesdesalamancaA mediados de la década de 1850, Salamanca intuyó la importancia que tendrían para el futuro de la ciudad los terrenos situados al este del Paseo del Prado, Recoletos y la Fuente Castellana. Adquirió allí una propiedad del Conde de Doñate, y construyó un magnífico palacio (hoy sede del BBVA). En 1860 resultaba evidente que las principales ciudades españolas estaban encorsetadas por sus antiguos muros medievales. Era preciso liberarlas para conseguir su crecimiento y la racionalización de los espacios. Se abrió la época de los ensanches. El de Madrid, elaborado por el ingeniero Carlos María de Castro, fue aprobado en ese mismo año. Preveía que se edificara un barrio para clases medias y adineradas en los espacios por los que se había interesado anteriormente el Marqués. Entre 1860 y 1864 éste inició una compra masiva de terrenos, hasta conseguir ser propietario de la práctica totalidad del territorio limitado por el eje Castellana-Recoletos, de un lado, y lo que se denominaba las Rondas, de otro (actual calle Francisco Silvela), límite del ensanche oriental madrileño. Salamanca tomó como modelo la labor realizada en París por el prefecto Barón Haussmann, padre del trazado que conocemos en nuestros días. Pero el Marqués gastó demasiados recursos propios en la aludida adquisición de terrenos, cuyo coste subió hasta un 300%, debido a la especulación que él mismo había generado.

En 1864 comenzó a construir los primeros edificios, pero apenas encontró fuentes de financiación para su empresa. La mayor parte del dinero se dirigía, en aquella época, hacia la construcción de las redes ferroviarias. Por eso el Marqués apenas pudo construir algunas viviendas, exactamente en la zona de las actuales calles de Serrano, Goya y Claudio Coello.

La crisis de 1865 arruinó al Marqués. Sus ilusiones quedaron como utopías. El desarrollo del barrio pasó a otras manos a partir de 1876, cuando los vaivenes políticos del Sexenio Liberal se estabilizaron tras la Restauración monárquica. El Marqués de Salamanca murió arruinado en 1883, solo y abandonado cuando, en otros tiempos, una procesión de interesados pretendientes invadían su casa en busca de favores. Consciente de su soledad, sus últimas palabras fueron “Perdono a tutti”.

F. Hernández Girbal, José de Salamanca, Marqués de Salamanca (El Montecristo español). 1992.

Conde de Romanones, Salamanca. 1953.

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