Mucha vida en los jardines de Fuente del Berro: historias de cada día

Siempre es un placer perderse en las vistas y los sonidos que ofrece este singular paraje a los viandantes, tanto si son habituales como si lo descubren por vez primera. Algunos pavos reales habitan sus rincones –y aledaños- desde hace casi tres décadas. Con el tiempo han escogido sus lugares favoritos de recreo, de solaz o de descanso.

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Pero no son los únicos que allí cohabitan. Muchos gatos conviven en este espacio verde, que les sirve para protegerse del frío en recovecos insospechados, y del calor en las muchas sombras de los arbustos o junto a las tierras húmedas por el riego. Los jardineros y trabajadores del parque o del centro cultural los conocen bien, y de algún modo se acompañan mutuamente. Ahora desaparecen, ahora vuelven, ahora crían, ahora se pierden… Y de pronto alguno se mete en problemas, como el gatito que hace unos días tuvo que ser rescatado por los bomberos de entre las altas ramas de un árbol.

Acérquense alguna mañana de este verano a los jardines de la Fuente del Berro, o al caer la tarde, tan larga por estas fechas. Al acecho entre matorrales, sobre cualquier murete, tras de cualquier recodo puede encontrarse alguna sorpresa, o dos. Y si prefiere mirar al cielo, también tendrá compañía: atento a las siluetas majestuosas y singulares de la pareja de halcones que anida en la torre del “Pirulí”... Entre todos ellos invitan a pensar que el tiempo se ha detenido en algún momento, años atrás, quizá en el momento en que alguien intentaba aprovechar al máximo los dones del arroyo del Abroñigal y terminó levantando la Fuente del Berro.

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