Todos los Santos y todos los Difuntos

La Conmemoración de los Fieles Difuntos, popularmente llamada Día de Muertos o Día de Difuntos, tiene lugar el día 2 de noviembre. La ceremonia, apenas reducida en la actualidad a la multiplicación de visitas a panteones y cementerios, se remonta a la época celta, a cuyo dios de los muertos - uno de los dos principales- se homenajeaba el 1 de noviembre, día en que comenzaba el nuevo año celta.

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La práctica religiosa hacia los difuntos es sumamente antigua, ha conocido diversas manifestaciones, y se extiende a multitud de pueblos y culturas a lo largo del planeta. La tradición actual es asistir al cementerio para rezar por las almas de quienes ya abandonaron este mundo. En Francia las gentes de todas las clases  y credos decoran los sepulcros de sus muertos. En el centro y sur de México y en América Central (que en conjunto componen la región conocida como Mesoamérica) esta fiesta incluye por tradición un Altar de muertos, que consiste en una serie de adornos florales acompañados de la comida favorita del difunto, junto a fotografías y otros detalles.

El Día de Todos los Santos, sin embargo, es una tradición propiamente católica. Fue instituida en honor a todos los santos, conocidos y desconocidos, según el papa Urbano IV, para compensar cualquier falta a las fiestas de los santos durante el año por parte de los fieles. Fue Gregorio III quien consagró una capilla a todos los santos en la Basílica de San Pedro, y fijó el aniversario para el 1 de noviembre. Gregorio IV extendió la celebración a toda la Iglesia católica, a mediados del siglo IX.

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