En la plaza de la Independencia. Uno de los emblemas de Madrid. Construida por Francisco Sabatini de 1774 a 1778 por encargo de Carlos III. La esculturas son de Roberto Michel y Francisco Gutiérrez. Anteriormente hubo otra Puerta de Alcalá que estuvo situada a la altura de la calle de Alfonso XI y que sustituyó a la desaparecida Puerta de Guadalajara, construida en el año 1636 y desaparecida en 1764, al considerarla Carlos III “impropia de la grandeza de una corte por ser ridícula en forma y tamaño”.

La Puerta de Alcalá mide 19,50 metros de altura; es asimétrica, sus dos caras son distintas porque Sabatini presentó al rey dos proyectos, y Carlos III eligió los dos por despiste. El arquitecto obedeció el deseo del monarca y ejecutó ambos. La cara este tiene diez columnas y la cara que da a la plaza de Cibeles, solo dos en el arco central, el resto son pilastras, y mientras en la cornisa de la cara este hay unos niños con armas, en la oeste figuran unos cascos superpuestos de banderas y escudos. Dos caras para una misma puerta por despiste de un rey. Su estructura es de granito del pueblo madrileño de Colmenar de Oreja.

Sobre los capiteles, la cornisa y en el resalte del arco central se levanta el ático, en cuyas dos caras hay la misma inscripción: “Rege Carolo III anno MDCCLXXVIII”. Todo el monumento es de granito de Segovia o del Guadarrama, mientras que las molduras, grupos escultóricos, elementos ornamentales y capiteles, son de caliza de Colmenar de Oreja. En su estructura pétrea quedan señales de los cañonazos sufridos durante la Guerra de la Independencia; de las balas que mataron a José Dato y de los bombaderos de la guerra civil.

El coste del proyecto para levantar la Puerta se había cifrado en dos millones de reales, y no habiéndose encontrado mecenas que los anticipara, se recurrió al Ayuntamiento que los facilitó, pero como las arcas municipales andaban siempre escuálidas y los deseos reales recaían sobre ellas, se hipotecó el arbitrio de tabernas, un filón recaudatorio, porque de viejo viene el dicho:

“Es Madrid ciudad bravía/ que entre viejas y modernas,/ tiene doscientas tabernas/ y una sola librería”. No existe constancia de que esa cantidad le fuera alguna vez devuelta al Ayuntamiento. La Puerta de Alcalá, además de los acontecimientos históricos vividos y narrados al hablar de la plaza de la Independencia, tiene su leyenda, relacionada con la “Conspiración del Triángulo” para asesinar al rey Fernando VII en uno de sus paseos por estos lares. Son detenidos, acusados, condenados a muerte y ejecutados Vicente Ramón Richard, abogado de los Reales Consejos, y Baltasar Gutiérrez, barbero de San Esteban de Gormaz. La cabeza de Richard es colgada en la Puerta de Alcalá para escarmiento de quienes intentaran aventuras regicidas. Allí permanece durante varios días, y dicen que durante este tiempo, y aún después, los maleantes que solían merodear por la noche esta zona para asaltar a transeúntes y caballerías, desaparecieron. ¿Por qué?. Cuentan que al caer la tarde una sombra merodeaba en torno a la Puerta dando gritos lastimeros. No había duda: era un fantasma, la cabeza de Vicente Richard.