Entre las plazas de Cibeles y Colón. Toma el nombre de un convento de agustinos recoletos fundado en 1595 por la princesa de Ascoli, que estuvo situado en el edificio que después ocupó el Banco Hipotecario y donde se eleboraba el mejor vino de Madrid, según los cronistas de la época.

Se derribó en 1836. En este monasterio estuvo recluido y murió, en 1648, el político, diplomático y escritor murciano, Diego Saavedra y Fajardo. Se llamó también Prado de Recoletos, Prado Nuevo y paseo de Copacabana; a partir de 1941 llevó el nombre de José Calvo Sotelo y en 1980 recuperó su nombre actual. El paseo comenzó a formarse en tiempos de Fernando VII, empleando en las obras a trabajadores presidiarios.

En este paseo se hallaban la quinta del Conde de Oñate y la de San Felipe Neri, en esta última estuvo la Escuela de Veterinaria, y en el mismo solar se levantó el palacio destinado a Bibliotecas y Museos (hoy Biblioteca Nacional). En el número 4 encontramos el edificio de la compañía de seguros “La Aurora Polar”, donde vivió Ramón Pla, y que fue remodelado en 1926 por el arquitecto José Monasterio, que elevó dos plantas sobre el antiguo inmueble. En Recoletos se celebra todas las primaveras la Feria del Libro Antiguo y de Ocasión, y en Navidades, la Feria de la Artesanía.

Tuvo este paseo varios aguaduchos en los que se celebraban tertulias de café al aire libre. Recuerda el marqués de Valdeiglesias, que en esas tertulias de Recoletos “se hablaba de los pronunciamientos que caracterizaban aquel periodo, de los temores de la revolución, de los chismes de sociedad, y en las charlas sonaban los nombres del periodista Andrés Borrego, del conde de San Luis y de otras figuras del tiempo”. En 1862 se construyó un parque muy frondoso llamado “Jardines del Paraíso”, con zonas destinadas a bailes y atracciones; en el centro había una enorme morera a cuya extensa sombra se sentaba la gente en las tardes del estío.

Cuando los monarcas bajaban a este paseo en coche, el reloj del convento de los Agustinos Recoletos daba las horas emitiendo tocatas musicales. También se cuenta que a la bodega del convento donde se despachaba el vino, se la conocía como del “Mico” o de la “Mona”, y según Velasco Zazo ahí pudo tener su origen el dicho de “coger la mona”, es decir, cogerse una borrachera.