La calle de Serrano va desde Alcalá hasta la plaza de la República de El Salvador. El principio de la misma fue abierto por el marqués de Salamanca en los años sesenta del siglo XIX. Inicialmente se llamó Bulevar de Narváez y en 1868 se le puso el nombre del general Francisco Serrano, que vivió en esta calle, en un hotel situado en la esquina con la de Villanueva. Notable militar nacido en San Fernando (Cádiz); en 1810. A los 30 años ya era mariscal de campo, y tres años después, teniente general.

Fue ministro de la Guerra y a los 46 años fue ascendido a capitán general. Por su porte se le conocía como el “general bonito”.

Calle con historia, porque en ella vivieron personajes famosos. En la cueva de la casa número 20 buscó asilo uno de los primeros vecinos del barrio, Cristino Martos, perseguido y condenado a muerte por los sucesos del 22 de junio de 1866. En el número 86, murió en 1873 Antonio de los Ríos Rosas, y en el 56, José Fernández de la Hoz, en el año 1887. En un hotel vivió, y murió en 1891, Manuel Alonso Martínez. En el número 40 de

Serrano habitó durante muchos años Emilio Castelar y en el mismo edificio Manuel Azaña. Otros ilustres personajes fueron vecinos de esta calle: Francisco Silvela, Francisco Navarro Ledesma, Gregorio Marañón, Miguel Moya, el marqués de Sardoal, Torcuato y Juan Ignacio Luca de Tena, Federico García Sanchíz, Benito Pérez Galdós, Rubén Darío, José Antonio Primo de Rivera, Pablo Garnica, Carlos Arniches y Joaquín Ruíz Jiménez.

El doctor Cortezo recibía a sus pacientes en el número 58 de Serrano; era un segundo piso y para llegar a la consulta había que dejar a un lado la escalera principal, atravesar un patio y subir por una escalera de caracol. En el palacio de La Huerta se celebraron Consejos de ministros y en él quedó depositado el cadáver de Antonio Cánovas del Castillo, traído desde Santa Agueda, donde cayó asesinado el 8 de agosto de 1897.

Manuel de Falla compuso La vida breve cuando vivía en el número 72 de Serrano. Tuvo esta calle viejos cafés con tertulias, ya desaparecidos, como el de “Jorge Juan”, el “café del alma”, como lo definió en una novela José Francés, lugar de reunión de periodistas y humoristas en animada tertulia, a la que solían acudir Penagos y el escultor Victorio Macho; el de “Roma”, en la esquina con la calle Hermosilla, donde se reunía la Junta del Ateneo, presidida por el doctor Marañón, y tenía fama de servir buena cocina casera, y el café de “Salamanca”, esquina a Jorge Juan, el primero del barrio, inaugurado el 24 de junio de 1867. En el número 7 de la calle estuvo situado un célebre restaurante, “Filiquier”, que llevaba el nombre de su dueño, local que tenía fama de ser uno de los mejores de Madrid y donde Cánovas del Castillo se reunía todos los jueves del año para comer con los redactores de “La Época”.

Estas son algunas de las curiosidades de la calle Serrano, que continuarán en próximas entregas…

Foto por Ricardo Ricote Rodríguez / Creative Commons Attribution 3.0 Unported